El retiro de un brillante e incansable

El padre Eduardo Pérez Iribarne dejará los medios este 31 de diciembre. Será recordado como un radialista nato que defendió la democracia y formó a decenas de periodistas con su ejemplo.

“El padre Pérez es valiente y dice las cosas de frente, sin miedo.. sabe tanto”, afirma  Hilda Galarreta.

Ella es modista y tiene su taller en la Genaro Sanjinez, justo frente a radio Fides, el “cuartel general” del padre Eduardo Pérez Iribarne, que dejará -según anunció- este 31 de diciembre. El sacerdote jesuita la entrevistó dos veces en su programa de radio El hombre invisible. “Me preguntó sobre mi oficio, sobre las telas de moda, los modelos de prendas que las mujeres prefieren hacerse”, recuerda la costurera de sonrisa dulce. Hace 30 años ve todos los días entrar y salir al  padre Pérez de Fides.

El sacerdote le dedicó a ese medio 35 años de su vida.

“Es puntual como un reloj suizo”, asegura la costurera. “Amable y muy atento. Me hizo sentir bien en las dos entrevistas que me hizo”, añade. Y en ese momento en su taller se comienza a escuchar la voz de Pérez Iribarne por la radiecito que tiene cerca de la mesa donde están unas revistas de modas,  telas, hilos, tijeras… “Es El café de la mañana, el programa del padre, ¡Qué será cuándo se vaya! ”, expresa con un tono de desaliento. “Debe estar cansado, pero todavía se lo ve tan erguido y gallardo”, añade.

A unos pasos del taller de Hilda, en una librería -fotocopiadora, sobre la misma Genaro Sanjínez, pero ya en la esquina con la Sucre, está Irma Flores. La puerta de su negocio da al ingreso de Fides. La mujer fija su mirada en ese punto y dice:  “He tenido la suerte de trabajar con él (padre Pérez) y me duele que se retire porque el periodismo pierde. Es una persona con mucho conocimiento, con mucha capacidad de discernir” .

Irma es una periodista retirada que en la década de los 90 fue parte del equipo de reporteros de Fides para los informativos La hora del país y Últimas noticias. De ese equipo recuerda a Crisitina Corrales, Edwin Pérez, Rodolfo Gálvez a Nicolás Saravia y otros periodistas. “Con el padre aprendí a decir la verdad, a pesar de todo,  para informar de manera correcta a la sociedad, él es así”, afirma.

Todavía recuerda las reuniones de coordinación con Pérez en Fides. “Era muy exigente, casi perfeccionista y nos exigía ser honestos con nuestro trabajo. Él escuchaba toda la programación de la radio, desde que comenzaba hasta su cierre. Nada se escapaba de su control. Llegaba a la radio  a las 6:30 de la mañana, le dedicó su vida a la radio”, añade.

Ve pasar todos los días al jesuita. “Siento nostalgia porque he tenido cercanía y la dicha de trabajar con él.  Ha envejecido pero aún se lo ve bastante fuerte”, expresa.

Eligió Bolivia

Eduardo Pérez Iribarne es un sacerdote jesuita que llegó a Bolivia a finales de 1968, cuando tenía 24 años. Nació en 1944, en Cataluña, España,  donde, desde sus 16 años, abrazó la fe católica a través de la orden la Compañía de Jesús, que tenía como regla fundamental la separación del novicio de su familia. Así tuvo que alejarse de sus padres y sus dos hermanas. Cuando tuvo que elegir un destino para cumplir su misión optó por Bolivia, donde se nacionalizó.

En una entrevista que dio en 2012 a El hombre invisible, su propio programa, recordó esos tiempos.

“Quise ir a India el año 1967, pero me dijeron que era muy difícil llegar  porque no daban visas entonces. Me dieron a escoger entre África y Bolivia. (Elegí) Bolivia. No conocía nada más que de Víctor Paz Estenssoro y del estaño”.

Desde que llegó al país se dedicó al periodismo. Su primer trabajo fue en la radio minera Pio XII, bajo las órdenes del padre Gregorio Iriarte.

“Conocí la época gloriosa del periodismo boliviano, después de Ñancahuasú, cuando llegué al país, no hacía ni un año de que habían asesinado al Che Guevara. Estuve con muchos periodistas que cubrieron la información en vivo y en directo”, dijo en 2012.

El periodista Juan Carlos Salazar  recuerda al jesuita: “Eduardo Pérez se encontró con una generación de periodistas fresca. Al mismo tiempo, la Compañía de Jesús había asumido una posición muy clara y militantes  respecto a la Teología de la Liberación y él (Pérez) tomó posición militante, junto a otros jesuitas como Luis Espinal, Pedro Nejre, Luis Alegre y varios jesuitas”.

Salazar conoció al padre Pérez a inicios de los 70, en radio Fides. “Se incorporó como periodista y creó un programa, Periscopio. Le pusimos el apodo de Periscopito”, recuerda.  “Los jesuitas no me daban trabajo y como yo soy un fatiguilla, ansioso. Tenía muy pocas clases en el Colegio San Calixto (…) le  pedí al padre Agramont que me diera un programita en la noche, de media hora, y me lo dio con mucho gusto”, contó por su lado Pérez en 2012.

“Eduardo estuvo un año  en Fides y se  fue a estudiar periodismo a Chile”, continúa  Salazar.
Golpes de Estado y  muerte de Espinal

El Tata Pérez, como también se conoce al radialista jesuita, estuvo en Chile entre 1970 y 1973, estudiando periodismo. En ese país fue testigo del Golpe de Estado de Augusto Pinochet, en septiembre del 73.

Regresó a Bolivia y se incorporó nuevamente a la radio Fides, que entonces estaba dirigida por el padre José Agramont. En la radio conoció al padre Luis Espinal, que fue asesinado en marzo de 1980 por la dictadura militar. Fue él quién tuvo que anunciar su muerte a través de la radio. “Lo llamaron para que fuera a reconocer el cadáver”, cuentan algunas de sus amistades. “La muerte de Luis Espinal lo golpeó mucho, por eso hizo la película Lucho San Pueblo”, comenta el periodista Salazar.

Unos meses después, el 17 de julio, durante el Golpe de Estado de García Meza, la dictadura salió en su busca. Un grupo de paramilitares tomó Fides para llevárselo. “No lo conocían físicamente, así que entraron gritando quién era el padre Pérez. Nadie respondió y se llevaron a otro jesuita.

Curiosamente, aunque preguntaban a gritos quién era el padre Pérez, nadie respondía, pero igual el padre salió exiliado a Venezuela”, comentan allegados a Pérez.

Entonces el sacerdote jesuita era también corresponsal de la agencia de noticias France Presse, lo que le permitió, durante su exilio, cubrir como periodista  eventos históricos en Centro América y El Caribe.

Radialista nato

Después del fin de la dictadura, Pérez Iribarne regresó a Bolivia y nuevamente a Fides, donde se hizo cargo de la dirección.  “Le dio una vuelta a la radio, que  contaba con un gran servicio informativo que, combinado con la música clásica  de su programación, era algo elitista; él la volvió una radio popular de gran penetración. Siempre fue un radialista nato”,  asegura Juan Carlos Salazar.

El periodista Edwin Pérez Uberhuaga llegó a Fides a inicios de los años 90 y recuerda ese proceso.

“Cristina Corrales me invitó a postularme y para mí fue  un cambio casi traumático, porque de la seriedad de mis crónicas tuve que pasar a que mis noticias e investigaciones, junto a las del equipo de prensa Fides, debían comenzar haciendo reir de incredulidad a los oyentes. Así que un titular leído por Andrés Rojas era seguido por el paceñísimo ‘yaaaa’”, cuenta.

“Yo estaba acostumbrado a entrevistar a presidentes, políticos y embajadores y el padre Pérez me empujó a hablar con la vendedora de dulces, el heladero, los niños de la calle o jóvenes a punto de abortar para hacer ‘notas especiales’. El pensamiento de la calle merecía reflexiones y debates, en los que la gente participaba por teléfono, algo en que Fides también fue pionera”. añade.

También recuerda sus palabras: “El periodista debe ser polémico, generar polémica siempre, sino no sirve”. “Sus peleas con Carlos Palenque, con los ministros y otros personajes son históricas”, dice. De esas peleas las más recordada es la que tuvo con Palenque que – según contó el mismo padre, en 2012 – terminó con una sincera reconciliación antes de que el compadre muriera.  “Fue en Fides, me fue a ver un sábado, me abrazó, lloró, le dije: ‘Carlitos olvídate’ (…) Murió un sábado y me llamó el jueves. La vida es maravillosa cuando uno la mira de frente, la reconciliación con Palenque me llenó el espíritu de misericordia, porque él vino a pedir perdón”, contó.

Pérez Uberhuaga, que ahora reside en Europa, también recuerda la “extrema” puntualidad del padre Pérez. Beatriz Cahuasa, que llegó a Fides una década después, cuenta como un día despidió a un locutor que acaba de contratar porque llegó cinco minutos tarde.

“El padre es exigente y hasta perfeccionista. El respeto a la audiencia para él es muy importante, igual que el respeto a la cercanía a la verdad con la noticia. Él hace eso, se acerca a la realidad, estudia, investiga para dar su punto de vista, es el maestro de la opinión”, dice Beatriz, que dejó Fides hace un par de años.

La periodista asegura que el sacerdote jesuita da al periodista “un escenario maravilloso para convertirte en estrella, porque sabe que si uno brilla el medio de comunicación también”. “A él (le) importa el cerebro y exige, y cuando llegas a un nivel ya caminas con él. Decidió darme alas y dejarme volar”, expresa.

Pero el padre Eduardo Pérez no sólo se abocó a la radio, creó el Grupo Fides, formado por las radioemisoras Fides AM y FM, Lasser, Mar, Top, Fides Tv y la Clínica Fides. Dio vida a la carrera de ciclismo más importante de Bolivia, la Doble Copacabana; promovió una de las campañas de solidaridad más importantes del país, Por la sonrisa de un niño, con la que año tras año buscaba ayuda económica para entregar regalos a los niños en Navidad.

Toda esa titánica tarea la llevó a cabo con sus periodistas, a los que supo inspirar con su gran ejemplo.

Fuente: Página Siete