Percy no habla de su repostulación, mientras que Rubén la descarta

Hay otras autoridades sin definirse, como el alcalde de San José y el concejal Pórcel. Los diputados demócratas no se presentarán

Tomás Monasterio trata de evitar un contagio político. Dos veces diputado y militante del Movimiento Demócrata Social (MDS), el opositor cruceño convocó anoche a senadores, alcaldes, concejales, gobernadores y asambleístas departamentales a rechazar, como ha hecho el líder de su partido, Rubén Costas, la tentación de buscar la reelección para más de un periodo consecutivo a partir del fallo que emitió ayer el Tribunal Constitucional (TCP), que anuló los límites de repostulación para el presidente Evo Morales y todas las autoridades políticas electas del país. Eso intenta Monasterio, aunque afuera de su partido, más de un político cruceño prefirió eludir la toma de postura cerrada.

“Yo uso una palabra exacta: no contaminar. Entonces, nosotros no vamos a permitir eso. En este momento la Alcaldía municipal no se preocupa de situaciones que tengan que ver con aspectos políticos”, dijo, por ejemplo, Jorge Landívar, secretario y vocero del alcalde Percy Fernández, el líder de Santa Cruz Para Todos (SPT). Según Landívar, ahora mismo, lo más importante para Fernández es el plan de reordenamiento de mercados y luego corresponderá reorganizar el sistema de transporte urbano, asuntos que esa administración prefiere no contaminar con posturas políticas sobre temas a tratarse en tres años.

Pero, a pesar de la explicación del exministro de Información de Hugo Banzer, cabe recordar que, en más de una oportunidad, el alcalde ha manifestado su interés de seguir en el municipio mientras las leyes y los votos se lo permitan. “Claro, beneficia, pero Santa Cruz Para Todos nunca estuvo detrás de ese fallo (que habilita la reelección indefinida) que en realidad buscó el MAS”, opinó anoche Rommel Pórcel, concejal cruceño por SPT y dirigente de esa sigla. Él dice que la agrupación de Fernández recién hoy hará revisar el fallo de repostulación con los abogados constitucionalistas de su agrupación y que, solo entonces, el dos veces concejal cruceño tomará una postura partidista tanto para el caso del alcalde como para su propia situación.
Sobre el contagio

Vladimir Peña, secretario de la Gobernación y vocero de Costas, ratificó que el gobernador no buscará la reelección en 2020. Aun cuando el fallo constitucional que su partido critica, técnicamente, se lo permita. Dice que es un asunto de principios como la alternancia democrática, el cumplir la palabra empeñada y el respeto a las reglas del juego convenidas.

Pero no todas las autoridades políticas cruceñas han tenido las condiciones de decidir qué postura tomar. Por ejemplo, Germaín Caballero, tres veces alcalde de San José de Chiquitos, anoche prefirió tomarse un tiempo para contestar porque su jornada, según dijo, la había ocupado en un viaje de Santa Cruz a San Ignacio de Velasco y tuvo poco tiempo para ver el caso. Así que anunció que hoy tomará una posición pública sobre si a él le interesa repostularse con ese fallo.

Unos días atrás, Adriana Arias, dos veces diputada por el MAS de forma consecutiva, dijo que exigía al tribunal fallar a favor de la repostulación indefinida y ofrecía hasta la sangre de las mujeres campesinas para conseguirlo. Monasterio cree que las autoridades cruceñas que tomen el fallo para repostularse serán “cómplices” de un golpe a la democracia.

Edmundo Paz Soldán

“Un golpe al voto popular”

En Pasó como un espíritu -cuento incluido en Para comerte mejor (El Cuervo)-, la escritora cruceña Giovanna Rivero imagina un gobierno de Evo Morales que dura 500 años. La ficción no tiene por qué ser literal; se puede atrapar con metáforas las verdades profundas de un país.

El texto de Rivero es una distopía, pero ya sabemos que el futuro se alimenta de los sueños y ansiedades del presente. Tal como van las cosas, ese texto escrito hace un par de años es una de las mejores lecturas de lo que es Bolivia hoy: el líder que le abrió las puertas a la Bolivia del siglo XXI, multicultural y diversa, ha terminado encarnando también las pulsiones reaccionarias y retrógradas muy presentes en nuestra historia.

La del caudillismo, la del absolutismo, la del sueño del hombre predestinado, superior a las mismas leyes creadas para, entre otras cosas, poner freno a esas tentaciones autoritarias tan presentes en nuestros gobernantes.

Quizás lo más extraño sea sorprenderse ahora por el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP). Pese a sus falencias, en Bolivia se cree en la democracia porque costó reconquistarla; uno vota en las elecciones y referendos con la convicción de que ese voto contará. Sin embargo, la tentación prorroguista de este Gobierno siempre estuvo ahí; el momento en que se aprobó que el presidente Evo Morales se postulara por tercera vez ya se había cruzado una línea roja.

Faltaba ver cómo se haría esta vez para desconocer el voto del pueblo. Algunos pensamos que no se atrevería: después de todo, el mandato de Evo Morales se sustentaba en la legitimidad que le dio el voto del pueblo. Lo de apelar a la Declaración de Costa Rica sonaba a un burdo chiste, tan vulgar que ese recurso solo lo usó el poco democrático presidente Daniel Ortega en Nicaragua. Tiempos idos, que hacen que esta revolución -porque sí lo fue, alguna vez- toque fondo.

Podrá el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) habilitar a Evo Morales, pero no podrá convencernos de la justicia de su fallo.

En el cuento de Rivero, el líder y la revolución se sostienen durante mucho tiempo, pero están podridos por dentro. Quienes pensamos que la izquierda podía y debía ser menos corrupta y más democrática que la derecha nos equivocamos. El sueño, la utopía que Evo y su proceso de cambio representaron para muchos, se terminó hace rato, y ahora solo queda administrar el fracaso.

Porque es un fracaso saber que puedes repostularte por un ardid legal y no porque tus compatriotas te votaron. Es un fracaso saber que cuentas con que tus compatriotas no saldrán a protestar lo suficiente, o, si lo hacen, cuentas con que controlas las calles gracias a los movimientos que te apoyan y, por supuesto, la fuerza. Evo se salió con la suya, pero quizás le haya asestado el golpe definitivo a su legitimidad popular. En realidad, perdimos todos.

Fuente: El Deber