Iván Zambrana: “Tenemos derecho a emitir gases de efecto invernadero”

El director de la APMT, Iván Zambrana, participará en la COP 23 de la ONU, en la que explicará la postura de Bolivia respecto al Acuerdo de París.

Bajo la presidencia de la República de Fiji, hoy comienza la cumbre del clima, que tiene como anfitrión a Alemania. El objetivo de la vigésimo tercera conferencia de partes (COP 23) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático es negociar el documento guía para aplicar el Acuerdo de París.
Bolivia participará en el encuentro con una delegación de al menos ocho personas, entre técnicos y jefes de unidades de los ministerios de Medio Ambiente, Planificación y la Cancillería.
Iván Zambrana, director de la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra (APMT), indicó que la posición boliviana sobre el cambio climático es la misma: Bolivia considera que la causa estructural de este fenómeno es el capitalismo y que existe una deuda climática que tiene que ser saldada por los países ricos, a través de transferencia de medios de implementación, para que el país pueda desarrollar acciones de mitigación y desarrollo con base en el vivir bien.
¿Cuáles son los avances de Bolivia sobre el Acuerdo de París?
Hemos avanzado en la institucionalidad, en generar los instrumentos de planificación. Ahora falta desarrollar capacidades para saber qué es cambio climático, cómo incorporar esa problemática dentro de todos los sectores y desarrollar nuestros tres mecanismos de respuesta al cambio climático: Mecanismo de Adaptación, el Mecanismo de Mitigación y el Mecanismo Conjunto de Mitigación y Adaptación Para el Manejo Sustentable de los Bosques.
¿Cuáles son los procesos?
En adaptación, tenemos un proyecto llamado “Biocultura y cambio climático”, que incorpora la lógica de resiliencia de vivir bien en sistemas bioculturales.
En mitigación estamos generando las acciones sectoriales. No se basa sólo en reducir la cantidad de carbono que se emite, sino en orientar el desarrollo desde una mayor eficiencia.
Estamos contribuyendo a reducir los gases de efecto invernadero (GEI). Bolivia ha cambiado sus termoeléctricas de ciclo simple a ciclo combinado, lo que representa una mayor eficiencia y menor emisión de GEI.
¿Qué otras medidas se aplican?
Este año se creó el Fondo Plurinacional de la Madre Tierra, para financiar proyectos del Mecanismo Conjunto. Tenemos un proyecto en plena ejecución en Pando, con la Gobernación, para la gestión del bosque con enfoque territorial, bajo la lógica de profundizar la relación de la gente con su bosque. Tenemos otros 11 proyectos que están en diferentes procesos de avance.
Bolivia se comprometió a tener cero deforestación ilegal hasta 2020. ¿Qué avances se tienen al respecto?
Seguimos operando con la Ley 1700, que tiene muchas limitaciones respecto a cómo se entiende a la diversidad de usuarios del bosque, el trabajo no pasa solamente por la fiscalización. Se han logrado avances muy importantes, pero se necesita cambiar la manera en que se planifica el uso del espacio respecto a dos usos competitivos: dejándolo como bosque y convertirlo en campos de cultivo.
La idea del Mecanismo Conjunto es revalorizar, mostrar que hay un montón de comunidades que son dependientes y pueden ser más resilientes si reciben más beneficios de su bosque. Así se demostrará que no es la única forma de ver el bosque, sólo en términos de madera, sino en términos de todas las funciones ambientales que representa.
¿Y los avances para reducir la deforestación ilegal?
Diferentes instituciones tienen que converger a trabajar al respecto, eliminar la deforestación ilegal está asociado a la manera de hacer gestión del bosque. Se tiene que hallar instrumentos que funcionen no sólo para fiscalizar sino para promover un manejo sustentable del bosque. En ese proceso de transición está la ABT (Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra). Ha desarrollado procesos asociados a esto;  también es importante la capacidad técnica que tiene para dar seguimiento a la deforestación.
La idea de que los bosques productores y bosques protectores es algo que está impulsando el Ministerio de Medio Ambiente para que la ciudadanía comprenda y también los actores públicos y privados podamos entender que necesitamos tomar decisiones respecto a la ampliación de la capacidad de producción de alimentos y reconocer que existe  una gran importancia que recae en los bosques.
Sobre la importancia de los bosques para la generación de recursos hídricos, qué es más importante: ¿conservar el agua o generar ingresos económicos?
Las dos cosas son importantes. A veces pareciera que estuviéramos defendiendo a la naturaleza de la gente, cuando contrastamos estos dos temas: los proyectos grandes y los bosques. Sin embargo, tenemos que entender que, a diferencia de otros momentos en nuestra historia, el Estado no está haciendo esto para un privado, lo está haciendo para generar ingresos y sacar de la pobreza a la gente.
¿Sin importar el costo?
Eso no quiere decir que cualquier costo es justificable. Lo que nosotros queremos, como la Autoridad de la Madre Tierra, es lograr que este tipo de proyectos se haga con el menor impacto posible. En las decisiones de desarrollo tiene que tomarse en cuenta la dimensión ecológica.
Lo que sucede ahora, por culpa -por así decirlo- de la Ley de Medio Ambiente (Ley 333) es que primero decido hacer la represa y después hago la licencia. Primero se toma la decisión por razones económicas y sociales y las ambientales se las ve después, cuando deberían verse al mismo tiempo. Así se hizo en el ingenio de San Buenaventura. Se ha hecho un gran esfuerzo en que la planta sea lo más sustentable posible. Después viene el tema de su implementación. Lo mismo con un camino o hidroeléctrica.
Esperamos que, más rápidamente  se pueda incorporar la dimensión ecológica a la dimensión económica y social, a la concepción de desarrollo. Eso dice la Ley de la Madre Tierra, pero se requiere una actualización de la normativa ambiental. Ahora seguimos operando con la Ley 333, que es de 1992. Eso hace que exista un rezago en la forma que hacemos planificación.
Entonces, ¿era urgente realizar esos cambios?
Claro que sí. El viceministerio de Medio Ambiente está en un proceso de actualización, por lo menos del Reglamento de Gestión Ambiental, que va a permitir, en el futuro, tener una mejor capacidad de incorporar estos criterios ex antes y post.
Todos tenemos que ver cuál es la mejor forma para que estos dos objetivos se materialicen: los derechos, las necesidades y la provisión de funciones ambientales a nivel local. También, que el país se constituya en el centro energético para reducir la pobreza más rápidamente.
Desde el punto de vista del cambio climático, ¿las megarrepresas proyectadas generarán energía limpia?
Hay criterios diferentes para definir energía renovable, energía alternativa y energía limpia. Varían de país a país. ¿Es más limpia que quemar combustibles fósiles? Lo es. La misma forma en que se haga la represa puede que genere más gases de efecto invernadero. Se puede  minimizar esos gases. O sea, muchos de estos temas están en el cómo, y en las definiciones que uno haga y, también, con qué se llegue a comparar.
Y Bolivia, de manera coherente con su posición, tiene derecho a seguir emitiendo gases de efecto invernadero. Obviamente eso tiene que llevarnos a transformar nuestra matriz energética en el futuro. Es por eso que si, por ejemplo, la represa de El Bala podría hacer que cerremos termoeléctricas, eso representaría también un avance en mitigación. Lo que hay que hacer es analizar el sector de energía como un todo. Tomar en cuenta estos criterios para tomar las decisiones, en el marco del Acuerdo de París.
¿Así se lograrán las metas?
Bolivia tiene metas muy ambiciosas respecto a la participación de estas energías en la matriz energética y, dependiendo, si lo hacemos solos o con cooperación internacional esas metas son aun más ambiciosas.
Las represas tienen más complejidad respecto a otras fuentes de energía, pero también su posibilidad de migrar de los combustibles fósiles es más rápida. Lo bueno es que Bolivia no apunta solo a una opción.
¿Cuáles son las otras opciones?
El parque eólico que hemos desarrollado en el país. Los parques fotovoltaicos también son esfuerzos para probar diferentes opciones, para aprender a hacerlas en Bolivia y evaluar a futuro cuál conviene, de acuerdo con la región y a las necesidades.  Explorar las posibilidades para que la exportación de energía, ya no de gas, sea lo que le brinde mayores posibilidades a Bolivia para eliminar la pobreza.
Todavía parece ser una meta lejana…
Es complejo y tiene que basarse en información. Por eso nos hemos involucrado mucho y hasta que tengamos el estudio, que está desarrollando Geodata, no podemos opinar. Estamos recopilando información; además, nos estamos capacitando para hacer un acompañamiento adecuado en lo que se refiere a emisiones. Incluso estamos generando los escenarios de cambio climático para contribuir a la información que permitiría analizar la viabilidad de este tipo de proyectos.
Fuente: Pagina Siete